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15 Dic 2023

APUNTES A PIE DE CALLE

 

Es Viernes. Mediados del mes de diciembre. Paseo de Gracia. 

Me fijo en una pareja que hay sentada en una de las terrazas del paseo. Él, abre un bostezo. Ella, lo cierra. No hablan. Tampoco miran nada en concreto; ni siquiera a sí mismos. Al menos eso es lo que me parece. Postradas sobre la mesa coexisten un par de consumiciones, copas medio llenas. No adivino a distinguir que contienen. No me la juego. ¿Para qué? Nada cambiaría acertar o errar. Me refiero a que el paseo seguiría donde está, ellos en su mesa y un servidor, nada más que un transeúnte, eso sí, por allí de paso. 

Me contento. Es el crepúsculo y la exigua luz que no me permite adivinar.  No le doy más importancia que la que tiene. Detrás de ellas, de las copas, su expresión. Mi opinión queda por delante con respecto a su posición. Me digo que debe de hacer tanto que se conocen que quizá es por ello que no hablan entre ellos  y pierden la vista en el paseo. Tal vez lo saben todo uno del otro y de sí mismos, aunque hay aspectos que no conocemos…o no aceptamos. ¿O quizá tan solo un poco y es que el tiempo pasa factura? A saber. La compañía prolongada también conlleva sus servidumbres,  o te creas. Me muevo y antes ya sabes hacia donde voy quiero decir. Y mira que yo no lo sé.  He llegado a la conclusión que los demás saben más de mí. Bien, al menos eso es lo que me parece sin estar seguro. No hay razón para estarlo. Los demás suelen estarlo por mí. Para qué molestarse entonces.

En esas veo volar el tiempo. Que la navidad da otra vuelta por la ciudad. Con otras luces, claro. Pero las luces prenden el oscuro atardecer para engalanar el paseo como de costumbre. 

Camino de vuelta a casa. Lo hago algo aturdido y a paso apresurado sin existir una razón que dé relato a mi ligereza, pues nadie me espera. Entonces razono que quizá mi amiga de siempre se encuentre en casa. Sombra es así de especial. Conoce bien que le dejo una llave bajo el felpudo. Suele ser interesante compartir con ella pensamientos. Le puedo hablar de todo. No rechista, en todo caso responde con argumentos. No se extraña de nada. Me corrige. No se enoja, y eso en ocasiones me saca de casillas. Pero también aprendo. Aprendo de ella sin nadie. Me perdona. La comprendo y rectifico.

De pronto la noche se hace densa, oscura, pesada como el plomo; tanto que me falta tiempo para volver a casa aunque escribo este apunte ya desde ella.

 

 

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Me gusta deslizarme entre la música; caricaturizar las sombras y reírme de ellas. Dejar el globo de mi imaginación remontar el cielo
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